El Salvador: el desahogo no es literatura

Tenía que pasar, por supuesto. Estaba claro que más tarde o más temprano me tocaría en este #200Países200Libros un libro que no me gustara. Lo que no me esperaba es que fuera a llegar tan pronto, en este inicio del proyecto, cuando tengo tantas posibilidades al alcance de mi mano y de momento puedo permitirme leer casi cualquier cosa. Qué le vamos a hacer, el libro representante de El Salvador me ha parecido una auténtica tomadura de pelo. Pero como creador de este proyecto os debo una reseña, y esta reseña os la voy a dar.

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De entre la poca literatura salvadoreña disponible elegí El asco, de Horacio Castellanos Moya, porque la trama me llamaba la atención: Vega, el protagonista, es un salvadoreño residente en Montreal que se ve obligado a regresar a El Salvador por el entierro de su madre y la experiencia le deja destrozado al comprobar que ese país del que salió 18 años atrás sigue siendo tan terrible como él recordaba, o incluso peor. De ahí el título de la novela. No tengo ni por asomo una sensación similar con España, pero llevo unos años viviendo en Canadá y oye, a lo mejor este libro me daba alguna pista del llamado choque cultural inverso, que es lo que sucede cuando alguien vuelve a su país de origen tras vivir un tiempo fuera. Pues no, no se trata de eso. El asco no pretende ser nada más que un poco de bilis vomitada contra El Salvador. Lo cual puede ser un tema llamativo -a favor o en contra- para salvadoreñas y salvadoreños, más aún si se sabe que a raíz de la publicación, el autor tuvo que exiliarse por amenazas de muerte. Pero aparte de eso, el libro no tiene valor literario alguno. Claro que tampoco parece pretenderlo.

Se trata de un texto breve (144 páginas) integrado únicamente por un monólogo tan anodino como artificial en el que Vega carga despiadadamente contra todos y cada uno de los elementos de la sociedad salvadoreña que le provocan el vómito cuando piensa en ellos. Como digo, el texto de Horacio Castellanos no termina de sostenerse como novela ni siquiera como cuento largo ya que carece de otro objetivo. En su búsqueda de criticar como sea el país centroamericano, Castellanos omite añadir, por ejemplo, puntos de vista contrarios que apoyen el debate (o incluso al contrario, que al ser rebatidos en el texto hagan que la opinión de Vega cobre más valor) o una estructura que permita al lector apoyarse en algo más que la ira del autor-personaje contra la sociedad salvadoreña. En algunos momentos, incluso, el tono resulta tan exagerado que es fácil preguntarse si en el fondo toda esa saña es una ironía que prepara el terreno para dar un punto de giro a la novela en algún momento.

Ya sabemos que en la ficción literaria hay narradores subjetivos e incluso otros de los que no te debes fiar, pero que cada una de las afirmaciones de Vega sea del tipo “Nada en el mundo me provoca tanta repulsión como…” o “Ninguna impresión resulta más aborrecible que…” hace que sea muy difícil empatizar tanto con él como con su mensaje. Otro tanto sucede con el tono machista y racista empleado por el autor continuamente o con que Vega hable con tanto conocimiento de un país que lleva 18 años sin pisar y del que, como él mismo dice varias veces, ha hecho todo lo posible durante ese tiempo para no saber nada. Basta con conocer un poco de situación política internacional para saber que El Salvador es un país con mucho que solucionar, pero ¿de verdad podemos confiar en un personaje tan detestable y poco objetivo como Vega para hacernos una idea del país?

El asco no es un texto que ayude mucho a conocer algo de literatura salvadoreña, ya que estoy convencido de que habrá textos infinitamente mejores que este para ello. Algunos teóricos dicen que el valor de una novela reside en el equilibrio entre lo que se propone y lo que consigue. Si lo que se busca Horacio Castellanos es despertar mi curiosidad sobre la realidad salvadoreña, lo ha conseguido. Pero más por oposición a su forma de hacerlo que por empatía. Y si lo que se propone es solo vomitar su odio, lo siento pero tengo cosas más importantes que hacer en mi vida. Por mucho que el nombre completo de la novela sea El asco. Thomas Bernhard en El Salvador, lo que por otro lado es un flaco favor a la figura del autor austríaco ya que este destila mucho más que asco en sus textos.

Termino con una reflexión: ¿habría sido posible que una novela así fuera publicada en El Salvador si la hubiera escrito una mujer o un(a) autor(a) LGBTQ? Sospecho que no, y parece curioso que tras taaaantas cosas de su país odiadas por Castellanos Moya/Vega (aquí podéis encontrar una lista completa) no se mencione el machismo ni la homofobia. A lo mejor, Horacio, es que tú eres parte del problema y no la solución.

(Si por la razón que sea te interesa leer El asco, puedes comprarlo aquí)

El asco – Horacio Castellanos Moya (Tusquets, 2007)

Bonus track musical: a lo largo de El asco, Vega menciona varias veces el Concierto en Si Bemol Menor para piano y orquesta de Tchaikovski. Aparte de que llamarlo así es de una pedantería insufrible (con lo sencillo que es decir Concierto para piano nº 1 de Tchaikovski), no lo incluyo en este apartado extra de la reseña ya que, como sabéis, la idea es traer una pieza musical del país en cuestión. El otro gran protagonista musical de El asco es el rock salvadoreño, que el narrador menciona varias veces para decir, por supuesto, que le provoca vómitos solo de pensar en esa música diabólica. He estado buscando y parece que uno de los grandes temas de rock de El Salvador es este La maldita, del grupo Adrenalina. Que conste que no lo pongo por hacer la gracia ni llevar la contraria a Vega (que ganas me dan, por otra parte), sino porque el tono duro del tema me parece que casa bien con el ambiente que Castellanos Moya busca en todo momento en su novela.

 

 

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