Egipto: una muerte, todas las muertes

Una niña es perseguida por extremistas islámicos en la noche de la Gran Fiesta. Pretenden matarla porque, según la Ley, ella es Hija del Pecado. Cuando está a punto de ser atrapada, la niña se gira para gritarle a sus asesinos que se equivocan, que ella se llama Bint Allah (Hija de Dios) y que su madre no era una adúltera sino una mártir a la que su padre abandonó. Al escucharle decir que su padre era el Imán, Representante de Dios en la Tierra y Líder Absoluto de aquel país sin nombre, los hombres le cortan la lengua y acaban con su vida.

Así comienza La caida del Imán, la novela de Nawal El Saadawi que representa a Egipto en este proyecto de vuelta literaria al mundo. Un arranque brutal y conciso (un capítulo de apenas una página de extensión) que sirve de toma de contacto con el terrible mundo que la autora quiere mostrarnos. No en vano, Saadawi es una de las voces feministas más influyentes del mundo árabe y, como queda claro a lo largo de su novela, parte de la idea de que la denuncia de la opresión a las mujeres es una causa infinitamente más importante que las posibles repercusiones que pueda sufrir por ello.

Desde un punto de vista estructural, La caída del Imán se sirve de las herramientas del posmodernismo literario para que su mensaje no se quede en la mera trama dramática que nos empaña el lagrimal un ratito y luego olvidamos para ir a ver lo que hay en la nevera para picotear un rato. No, La caída del Imán no es carne de telefilm tipo No sin mi hija, sino un libro con una prosa densa y cercana a lo experimental, pero con un claro contenido de denuncia social y política.

“¡Oh, no! ¡Feminista, posmoderno, experimental y de denuncia política! ¡Huyamos, rápido!”, pensarán más de uno y más de dos lectores en este momento. Bueno, estáis en vuestro derecho, claro. Pero os perderíais un libro impresionante, la verdad. ¿Por qué? Venga, a ver si consigo explicarlo.

Como lector, reconozco que en algunos momentos me sentí abrumado por la novela de Saadawi: a lo largo de sus menos de doscientas páginas, la trama se reduce a dos o tres acontecimientos que se narran varias veces desde varios puntos de vista con pequeñas variaciones, a veces imperceptibles. Esta repetición continua, como digo, me impidió “entrar” en la novela desde el principio, aunque luego entendí que había una razón de ser. Y es que no, La caída del Imán no es un libro para quien busque una lectura fluida. Es necesario ahondar en esa repetición, leer unos cuantos capítulos y advertir esas mínimas diferencias para comprender que El Saadawi no experimenta por hacerse la interesante sino que es plenamente consciente en todo momento del valor de las distintas herramientas literarias que despliega en la novela. Es decir, que no es tanto un despliegue aleatorio del perchè mi piace como un uso concreto de unos recursos que, gracias a la experimentación literaria anterior a ella, sabemos para qué sirven y qué efecto provocan en quien se acerca a leer La caída del Imán. La escena de arranque que he resumido al principio de esta reseña, por ejemplo, se repite varias veces en otros capítulos de tal modo que intuimos que es la misma historia pero sin perder la sospecha de que podría ser otra otra niña asesinada. Que el nombre de la niña es lo de menos porque las niñas asesinadas por los extremistas son tantas que los nombres se convierten números y los números en estadísticas. Y, por supuesto, que el país no necesita tener un nombre porque se trata de cualquier lugar del mundo en que el fanatismo religioso campe a sus anchas. De hecho, en el prólogo, la autora cuenta que desde su infancia en Egipto quería haber escrito un libro como este y que se sintió alentada a hacerlo tras visitar países como Irán, Sudán, Líbano, Arabia Saudí o Jordania. Y a pesar de todo, parece que El Saadawi se ha tomado la molestia de incluir en la novela algunos detalles que nos harían recordar algunos de estos países. El propio Imán y lo que le sucede en la novela, por ejemplo, recuerda sospechosamente a Anwar Sadat o su esposa a Noor de Jordania.

Junto a la violencia ejercida contra las mujeres, el otro gran tema del libro es el modo en que el autoritarismo se perpetúa en el poder, cómo logra afirmarse, reivindicarse, popularizarse y, a pesar de todo, temerse a sí mismo. El personaje del Imán, de hecho, no resulta tan estereotipado como podría pensarse en un primer momento gracias a sus dudas, a sus contradicciones y, sobre todo, gracias a la figura del doble del Imán: este tercer personaje es quizás mi favorito tanto por su poder simbólico como por el modo en que está construido. Se trata del guardaespaldas personal, que lleva consigo una mascara de látex para sustituir el Imán en cualquier momento, si fuera necesario.

Sin embargo, y a pesar de lo que pudiera parecer, la crítica de El Saadawi en su novela no es solo hacia el fanatismo islamista: la opresión es religiosa, por supuesto, pero también machista. Son hombres quienes ostentan el poder, son hombres quienes tienen en su mano el destino de las mujeres y, en algunos casos, de otros hombres. Las mujeres son culpables de delitos que no han cometido y, por el mismo motivo, víctimas que serán o no lapidadas en función del capricho de otros hombres. De ahí que, incluso con el fanatismo islamista protagonizando el libro, La caída del Imán es un libro universal, del mismo modo que lo es El cuento de la criada, de Margaret Atwood, por mucho que Gilead sea un estado ultracatólico.

Resumiendo: buscad La caída del Imán y reservaos tiempo suficiente para leerlo con tranquilidad. No esperéis una novela de acción ni una trama de esas en las que “pasan cosas”. Y dadle el beneficio de la duda cuando os empiece a parecer que hace cosas raras. Muy pronto descubrireis que lo verdaderamente incómodo no es el libro, sino el mundo que damos por sentado. O, mejor dicho, que demos por sentado que hay una parte del mundo que es así y que, por tanto, no hay solución posible.

(Si te apetece leer La caída del Imán puedes comprarlo aquí. Al adquirirlo a través de ese enlace estarás contribuyendo con el proyecto #200Países200Libros)

La caída del Imán – Nawal El Saadawi (Seix Barral, 1995) Traducción: Adelaida R. Gómez

Bonus Track: permitidme que os presente a Youssra El Hawary, una cantautora egipcia que con solo 28 años compuso El Soor (El muro), una canción protesta con una letra tan cándida como demoledora. Para comprender mejor su potente mensaje, es necesario saber que en 2011, tras las protestas contra el gobierno que se llevaron a cabo en la plaza Tahrir, el ejército construyó una serie de muros en la ciudad para dificultar el acceso a la plaza desde puntos principales de El Cairo. Es en ese contexto cuando Youssra El Hawary, que podría parecer una dulce niña como lo es Bint Allah en La caida del Imán, escribe, compone, interpreta y produce esta canción cuya letra dice:

“Enfrente del muro, enfrente de las personas que lo construyeron, enfrente de las personas que lo hicieron más alto, enfrente de las personas que lo custodian, un hombre pobre se detuvo a mear”.

Os dejo con estas dos mujeres: El Sadaawi y El Hawary. Dos modos diferentes pero paralelos de demostrar al mundo que quedarse de brazos cruzados es a veces ser cómplice de los malvados.

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