Bosnia-Herzegovina: el puente que lo vio todo

Creo recordar que, el mismo día que presenté en twitter este proyecto, una de las primeras novelas que me sugirieron fue Un puente sobre el Drina, de Ivo Andrić. La sugerencia vino nada menos que de Molinos, una de las mayores lectoras que conozco. Era la primera vez que oía hablar de la novela y del mismo Andrić, a pesar de que obtuvo nada menos que el Nobel de Literatura en 1961. Bosnia, a su vez, es un país que en mi cabeza ha estado desde siempre enmarañado con otras repúblicas balcánicas cuyos conflictos armados sucedieron cuando yo estaba en el instituto, una época en la que nunca conseguí enterarme de mucho aparte de que había habido varias masacres durante la guerra y que un país que habíamos estudiado en clase -Yugoslavia- estaba desapareciendo para convertirse en otros cuantos. Desde entonces, y ya hace mucho tiempo de todo aquello, siempre quise entender el motivo por el cual los Balcanes habían sido una zona tan inestable y compleja históricamente desde el punto de vista geopolítico. Pero claro, una cosa es querer entenderlo y otra muy distinta es sacar el tiempo para hacerlo: siempre aparecen otras novelas, otros temas, que terminan llamando tu atención y aquello que te propones se queda relegado sine die.

Así que cuando Molinos me recomendó el libro una campanita sonó en mi cabeza a modo de recordatorio. Allí estaba Bosnia, ese tema del que siempre había querido aprender, en un libro escrito por un Premio Nobel que desconocía. Comencé a investigar sobre el libro y en todas partes leí que Un puente sobre el Drina era el gran libro sobre Bosnia: la crónica del puente Mehmed Paša Sokolović, construido en Višegrad en el siglo XVI para servir como paso entre el mundo islámico y el cristiano, y de las sucesivas generaciones de personas anónimas que vivieron allí hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, cuando acaba la novela. Estaba claro, no me cabía duda de que este era el libro que necesitaba para representar a Bosnia en #200Países200Libros. Así que me puse con ello y lo que me encontré fue un libro inolvidable. Quizás no lo que estaba esperando -malditas expectativas-, pero definitivamente un libro bellísimo con el que, por fin, he conseguido empezar a entender los Balcanes.

Lo primero que hay que destacar de Un puente sobre el Drina es que estamos ante un libro extraordinariamente poético. Al igual que en otras novelas corales como La colmena o Manhattan Transfer, no existe aquí un personaje protagonista que soporte el peso de la trama. Pero mientras que esas dos novelas mencionadas abarcan un periodo de tiempo muy breve, los mas de tres siglos que transcurren a lo largo de la novela hacen que el gran protagonista sea el mismo puente que da nombre a la novela. El puente en el que se sucederán asesinatos, ejecuciones, desfiles, romances y bombardeos pero sobre todo infinidad de momentos serenos sin trascendencia histórica alguna pero que Andrić sabe retratar para explicarnos la vida cotidiana y anónima que será el germen de los diversos conflictos posteriores en la zona. De este modo, las multiples historias que se engarzan en Un puente sobre el Drina nos hablan de las sucesivas generaciones de turcos, bosníacos, serbios y demás que van quedando, como sucede en la vida real, sepultadas por el paso del tiempo, que se presenta a su vez como el otro gran protagonista de la novela. Nos encontramos, por tanto, una novela protagonizada por un puente y por el paso del tiempo mientras que las personas son solo pequeños seres que aparecen y desaparecen con frecuencia y de quienes unas páginas más adelante no volveremos a acordarnos. ¿Acaso no es esto la vida misma?

9788497597777

Es por eso que Andrić desarrolla una estructura sencilla pero muy funcional en la que cada capítulo del libro se corresponde aproximadamente con una historia -a veces una anécdota- de quienes paseaban por el puente cotidianamente. Algunas de estas historias tienen su continuidad o su trascendencia más adelante (o incluso aparecen en varios capítulos), pero en la mayoría de los casos los personajes de generaciones posteriores recordarán levemente todo aquello, como otro cuento más que los viejos del lugar cuentan en el puente.

No es este, sin embargo, un libro para leer deprisa. Es muy posible que yo no sea el lector idóneo para una novela como esta, que en algunos momentos me ha parecido excesivamente poética. Reconozco que hacia el final del libro he echado en falta alguna escena similar a una del principio que no voy a revelar aquí pero que quien ha leído el libro sabe perfectamente a la que me refiero. Mi afán por saber lo que pasaba me ha impedido disfrutar al completo del placer del ritmo sereno y meditado del agua del Drina. Así que si os planteáis leer la novela, y es algo que os recomiendo hacer, abandonad las prisas y daos el tiempo necesario para pasear sobre ese puente y charlar con los habitantes de Višegrad.

Mehmed_Paša_Sokolović_Bridge,_Višegrad

Un puente sobre el Drina – Ivo Andrić (Debolsillo, 2016) Traducción: Luis del Castillo.

(Si tras leer la reseña te apetece leer Un puente sobre el Drina, puedes comprarlo aquí. Al comprarlo a través de este enlace estarás contribuyendo con el proyecto #200Países200Libros)

Bonus track musical: estuve tentado de incluir en este apartado alguna pieza del director de cine bosnio Emir Kusturica y su banda The No Smoking Orchestra. No solo por la su relevancia como figura bosnia, sino porque el amor que el cineasta siente por esta novela le ha hecho reconstruir parte del enclave del puente y actualmente se encuentra en fase de producción de la adaptación cinematográfica de Un puente sobre el Drina. Pero he preferido quedarme con una pieza tradicional y, por decirlo así, serena, que case mejor con el espíritu de la novela de Andrić.

Por eso os dejo aquí algo de música tradicional bosnia y bosníaca: se trata de una pieza de Sevdalinka, un género tradicional de la zona que consiste en canciones melancólicas sobre la pérdida y la muerte. Como podéis imaginar tras leer esta reseña, ese es precisamente el tono que mantiene Ivo Andrić a lo largo de su novela.

Como curiosidad, esta canción titulada Kraj Tanana Sadrvana es uno de los temas de Sevdalinka más famosos, muy versionado durante siglos y cuya letra es una traducción al bosnio de un poema del poeta romántico alemán Heinrich Heine. Os dejo también una traducción muy libre del poema, hecha por mi mismo, para que entréis un poco mejor en el ambiente de la canción.

Cada tarde, brillante y amorosa,
la hija del Sultán caminaba
cerca de la fuente blanca
que salpicaba todo de agua.
Cada tarde el joven esclavo
permanecía de pie
cerca de la fuente blanca
que salpicaba todo de agua.
Cada día estaba más y más pálido.
Un día llego la princesa
y le hablo suavemente:
“Tu verdadero nombre, quiero saberlo,
tu verdadera patria, tu verdadera nación”.
El esclavo respondió “Me llamo
Mahomet, y soy de Yemen,
y mi tribu es el Asra,
los que mueren cuando aman”.

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