Barbados: el efecto mariposa de un tsunami

Seguramente habréis escuchado muchas veces aquello de que el aleteo de una mariposa puede provocar un huracán en el otro lado del mundo. Es, por decirlo así, una versión simplificada de la llamada teoría del caos, y que proviene de una charla del matemático estadounidense Edward Lorenz titulada «¿Puede el batir de las alas de una mariposa en Brasil dar lugar a un tornado en Texas?». Es un concepto fascinante incluso para quienes tenemos cero conocimiento sobre esos temas porque da pie a una infinidad de combinaciones posibles, especialmente para la creación de todo tipo de historias de ficción.

En este efecto mariposa pensaba mientras leía El mejor de los mundos posibles, de Karen Lord, el libro de Barbados para este #200Países200Libros. Como indica la misma autora, la idea del libro surgió tras leer la noticia de que la mayor parte de las víctimas del tsunami de 2004 en Indonesia fueron mujeres y muchos de los campesinos y pescadores que enviudaron no pudieron encontrar nuevas esposas y se vieron obligados a buscarlas en otras zonas (también supuso un aumento de niñas forzadas a casarse, pero ese es otro tema que merecería ser abordado en otro momento).

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A partir de esa noticia, Lord plantea una historia de ficción especulativa con una premisa muy cercana a la del tsunami de Indonesia: la población del planeta Sadira ha sido exterminada y los pocos supervivientes (principalmente varones) se ven forzados a emigrar a Cygnus Beta, un planeta con larga tradición de acogida a refugiados intergalácticos. Un año después, los colonos sadiris no terminan de adaptarse a la sociedad cygniana ya que, orgullosos de su cultura y sus avances de todo tipo (especialmente de sus habilidades telepáticas), para poder repoblar adecuadamente necesitan encontrar mujeres con ciertas similitudes genéticas a las suyas. Es ahí cuando Grace Delarua se pone en contacto con el consejero sadiri Dllenahkh para buscar juntos una solución: una expedición por Cygnus Beta en busca de colonias cuyos miembros conserven rasgos genéticos sadiris.

Contado así, El mejor de los mundos posibles podría parecer una novela de ciencia ficción llenas de naves explotando y personajes existenciales. A lo mejor os viene a la mente, qué sé yo, Battlestar Galactica. Algo muy sufrido lleno de reflexiones complejas con conflictos internos a flor de piel. Pero no es esto en absoluto. Es una novela muy profunda en varios niveles de significado, pero muy alejada del drama de serie B con personajes estreñidos, con los puñitos apretados y las arterias del cuello a punto de explotar. En primer lugar, porque el sentido del humor es una constante en casi cada página. No es que sea un humor descacharrante porque el tema no lo permite, pero varios personajes intentan seguir con su vida sin olvidar la importancia de arrancar una sonrisa de vez en cuando entre sus compañeros. Aparte, el modo de enfocar la tragedia es siempre a base de momentos sutiles, como el minúsculo gesto con el que Lord describe la reacción de Dllenahkh al ser informado del genocidio en su planeta al principio de la novela. Tampoco se profundiza en el horror ni en sus detalles: en ningún momento se explican los motivos ni el modo del ataque que ha destruido Sadira, sobre todo porque no es necesario eso para la historia. Es como si los personajes tuvieran en la cabeza en todo momento el título de la novela a la que pertenecen: el dolor colectivo es el motor de la trama, pero no es necesario hablar siempre de ello si se quiere construir el mejor de los mundos posibles.

Pero como digo, la falta de dramatismo y tragedia explícita no impide la profundidad del libro. Yo diría incluso que es precisamente esa falta de árboles la que nos permite fijarnos mejor en el bosque que Karen Lord nos dibuja. Porque gracias a eso podemos centrarnos, por ejemplo, en el modo de explorar los mecanismos para conseguir relaciones sentimentales no basadas en patrones de comportamiento tóxicos. O en las multiples diferencias culturales, muchas veces contradictorias, que una misma sociedad puede albergar sin por ello perder su propia identidad. Sobre esto último, de hecho, merece la pena leer lo que escribió Nalo Hopkinson acerca de que varias de las comunidades de El mejor de los mundos posibles reflejan varias sociedades de las diversas islas caribeñas. La fusión y la multiculturalidad como armas sociales es uno de los temas recurrentes en la novela, y para ello Lord recrea la heterogeneidad cultural en el Caribe tras la diáspora africana y asiática, aunque sin dar nombres -porque, de nuevo, no hace falta- y en un planeta como Cygnus Beta, en el que la conciencia social es un rasgo identificativo de la sociedad.

Y aparte, por supuesto, El mejor de los mundos posibles es una novela de amor. Igual que el drama y la tragedia siempre aparecen sotto voce, el concepto de amor que maneja Lord no es el del amor de telefilm romántico de chico-conoce-chica-y-tras-muchos-problemas-terminan-paseando-felices-por-la-playa aunque, vaya, en la novela hay un chico que conoce a una chica y tras muchos problemas terminan paseando felices por la playa. Pero como dije más arriba, nada de relaciones tóxicas ni amor como sinónimo de sufrimiento ni como motivo para la autoflagelación. Hablamos de una pareja que construye su vínculo poco a poco, sin prisas, casi como una sorpresa que se aparece entre ellos, siempre con el respeto y la empatía como motores eficaces.

Si bien el contenido es, por todo lo que he contado, una grata sorpresa en cuanto a ruptura con las historias de siempre, quiero mencionar también la estructura del libro. No por que tenga un enfoque novedoso (cada capitulo tiene una trama más o menos autoconclusiva, aparte del arco general de la trama amorosa) sino porque fue lo que hizo que me costara entrar en la historia. Tuve la sensación de que la trama avanzaba a trompicones, pero una vez me acostumbré a ella todo fue rodado. De nuevo, Lord busca el modo de que el todo esté formado por varias partes supuestamente inconexas en la superficie pero conectadas en lo profundo.

El mejor de los mundos posibles es un libro que da para mucho, pero que no recurre a los fuegos artificiales para hablar de muchos temas muy interesantes. Si queréis saber más sobre la novela os recomiendo esta reseña de DikanaMai para La Nave Invisible, un proyecto genial enfocado a la visibilización de autoras de literatura de género. DikanaMai es, ademas, la autora de las viñetas sobre El mejor de los mundos posibles de las cuales tomé prestada la imagen de Dllenahkh para la imagen de cabecera del blog que, como ya he contado en alguna otra ocasión, hizo SantaSuki con una paciencia y un buen gusto exquisitos. Dllenahkh es el único personaje que aparece en dicha imagen, con lo que creo que queda claro que os recomiendo mucho esta novela.

El mejor de los mundos posibles – Karen Lord (RBA, 2013) Traducción: Rafael Marín Trechera.

(Si tras esta reseña te apetece leer El mejor de los mundos posibles, puedes comprarlo aquí. Al comprarlo a través de dicho enlace estarás contribuyendo con el proyecto #200Países200Libros)

Bonus track musical: una novela como esta necesita una banda sonora relajada, pero hay momentos festivos en algunos episodios que casan bien con el spouge, la versión barbadense del calypso. Youtube es una fuente inagotable de spouge por si queréis echarle un ojo. Para este bonus track he seleccionado un tema cuyo título me ha recordado a la trama de la novela, ya que Another Try es justo lo que hacen los sadiris al llegar a Cygnus Beta: vivir una nueva oportunidad.

(Pensaba que la pieza musical para esta entrada podría haber sido otra, pero la propia Karen Lord ha visto la reseña y me ha escrito en Twitter diciéndome que le parece perfecta. Así que me quedo tan feliz)

1 Comment

  1. Había olvidado comentar este. Me resultó muy rara la lectura, porque me parecía interesante, pero no conseguía mantenerme enganchado. A ratos estaba y a ratos me sacaba el libro de lo que leía. Quizás fue solo una mala semana. Ahora estoy sobre el Drina disfrutando muchisimo.. 🙂

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